Una noche me sumergí bajo mi piel
para buscar si nada me faltaba.
Y en efecto, después de una ridícula
inspección encontré que nada mío se encontraba ausente.
Fue entonces que tomé mi voz y la
corté en mil pedazos.
Mi ser se llenó de agujeros...
Y felizmente ahora que he perdido
mis pequeño fragmentos,
podré por fin empezar a buscarlos.
